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jueves, 24 de septiembre de 2015

PALACIO DEL TE (Giulio Romano, 1527-1534)

      


      Giulio Romano
Giulio Pippi, conocido como Giulio Romano, nació en Roma en 1499 y fallece en Mantua en 1546. Fue el artífice del Palacio del Te, además de ser pintor, arquitecto y decorador, trabajó con Bramante y es señalado por Vasari como “el más genial colaborador de Rafael”, con quien a parte de ser su alumno, realizan juntos las stanze del Vaticano. Sus innovaciones en relación al clasicismo del alto renacimiento ayudaron a definir el estilo llamado manierismo.
De Rafael aprenderá la forma de llevar un taller, donde el maestro se encarga de la dirección y la invención, pero los miembros, son los encargados de llevar la obra a cabo (habiendo sido él, el ayudante jefe de Rafael). Esto, lo llevará a la práctica en Mantua, donde se establecerá a partir de 1524, por mediación de Baldassare Castiglione, agente cultural de los Gonzaga, para ponerse al servicio de Federico II Gonzaga, Duque de Mantua e hijo de Isabella d’Este.
El Duque de Mantua fue uno de los mecenas renacentistas más cultivados y eruditos. Para él, explotará a fondo todas las dotes de su prodigiosa imaginación en un amplio abanico de campos, desde arquitectura y pintura hasta consumadas ornamentaciones y decoraciones efímeras. Trabajó en el Palacio Ducal, y la que sería la gran obra de su vida: El palacio del te, del cual es constructor y decorador. Se encuentra plagado de citas eruditas, artísticas, musicales, literarias y arquitectónicas, que ponían en cuestión la tradición anterior, para optar por una representación festiva y licenciosa. Giulio creó una residencia suburbana para Federico en la que arquitectura y pintura se amalgaman para crear uno de los conjuntos más logrados y elocuentes de toda la estética manierista.
Rafael, llevó a la corte de Gonzaga la sobriedad y gravitas del estilo Bramante-Rafael, interpolado con su estilo personal. Las “maneras” de Giulio primaron al trabajar en la villa de Gonzaga y al estar libre del peso de la ortodoxia tanto de la antigua como de la nueva Roma. Su extraña imaginación quimérica se desató de forma más espectacular en sus frescos ilusionistas para las habitaciones interiores del Palazzo del Te, aunque también la arquitectura está llena de efectos complicados e inesperados.
  
      Obra
El orgullo de la familia Gonzaga eran los caballos que criaban en una antigua y pequeña isla llamada Te, cerca de Mantua. La idea de esta villa, nació del modesto deseo de tener un palacio para descansar y cenar cuando se encontrasen ocupados en sus asuntos ecuestres.
Fue construido y decorado entre 1527 y 1534. Es una estructura baja y cuadrada, trazada alrededor de un patio cuadrado tras el que yace un extenso jardín formal al que se llega desde una de las alas del patio, por un puente bajo el cual hay un foso con agua.
Constituye una especie de recapitulación del clasicismo enérgico definido por Alberti y los maestros romanos. El dórico que usa viene a ser el del palacio Farnese. La fachada que da al jardín desarrolla el motivo de arcadas que caen sobre columnas, aisladas a cada lado por un corto arquitrabe, utilizado ya por Bramante y que culminará en el motivo palladiano.
Todos estos elementos son llevados a un nuevo grado de tensión, mediante su estiramiento en anchura, que falsea las proporciones, y mediante los grandes efectos de modelados debidos a la utilización masiva de un orden rústico que hace sobresalir el aparejo y crea contrastes brutales, que se ven aún más acrecentados por el empleo de colores, particularmente en las metopas. Esta pesadez deliberada vuelve a encontrarse en la catedral de Mantua (reformada en 1545), inmenso pastiche de las basílicas paleocristianas, con sus cinco naves separadas por columnatas y sus techos de casetones realizados con estuco.
Una estructura anterior se incorporó al proyecto nuevo de Giulio. Pensó que la arquitectura y decoración interiores fueran ricas y extravagantes y que estuvieran llenas de trucos, sorpresas y deleites inesperados para divertimento de los Gonzaga y sus invitados (entre sus funciones más importantes estaban los fines sociales y políticos).

Arquitectura
Para articular tanto la fachada exterior como la interior, Giulio utilizó motivos clásicos familiares, pero jugó con ellos (combinándolos en formas ingeniosas y notablemente no clásicas) y trató cada fachada de manera diferente. El resultado fue una perturbadora ausencia de consistencia e uniformidad clásicas y todo el edificio estaba caracterizado por la conjunción de la ortodoxia familiar del renacimiento puro y las sorprendentes invenciones manieristas.
Los bloques de piedra del edificio, están biselados por la aplicación de un acabado recién inventado, combinados con obra de sillería muy refinada.
En la fachada exterior norte de tres arcos, el insólito biselado de estuco (aplicado también a las dovelas gigantes y esquinas de alrededor de las ventanas) concuerda con el friso dórico totalmente correcto de la Basílica Aemilia, la ruina dórica más famosa y con más autoridad de todas las antigüedades de Roma. Lisas pilastras dóricas marchan a través de la fachada en un ritmo complicado e irregular: muy juntas en las esquinas, más separadas en el siguiente paño y enmarcando un nicho en vez de una ventana. Después los ritmos cambian a tres solas y enmarcando ventanas. Estas irregularidades, sin embargo, no son simplemente consecuencia de la voluntad de Giulio o su complacencia en la complejidad: representa el ajuste de su diseño para acomodar o enmascarar algunas de las asimetrías y desequilibrios de la estructura anterior, que todavía formaba parte del edificio nuevo.

En el vestíbulo que venía de la entrada principal en el oeste, unas abultadas columnas granuladas, que se han descrito como si pareciera que “el mar las hubiera lavado durante siglos”, sostienen una bóveda de cañón revestida con cadenas de casetones hexagonales y cuadrados. La brillantez de la idea de Giulio está en sus alusiones a las reglas que transgredía. Como sirve de ejemplo el uso de una clave que sobresale en un arquitrabe. Cuando solo es correcta una clave en un arco.


Algunas de las invenzioni más inteligentes de Giulio se pueden encontrar en el jardín de la fachada este. Aunque es la parte más “rústica” de la villa, él ha abandonado las superficies rústicas de las otras secciones a favor de una logia renacentista de arcos muy refinada y formal, sostenida por grupos de majestuosas columnas y pilares. Se ha visto como una metáfora de la victoria del arte (o de forma más precisa, del artificio manierista) sobre la naturaleza.



Pintura
“El palacio del placer”, como señalan T. Paoletti y M. Radke, recibe este nombre por la decoración de pinturas con escenas eróticas que Federico Gonzaga pidió expresamente, para satisfacer su lívido. El proyecto decorativo general de la estancia, que contenía una Fiesta nupcial de Cupido y Psique, se halla en deuda con el diseño de Rafael para la Villa Farnesina en Roma, pero Giulio y su mecenas representaron los placeres eróticos de los dioses con un elegante abandono del decoro. 
Todo cuanto resulta frío e idealizado en Rafael rebosa aquí de color y calor. Cupido ha madurado para convertirse en un joven adulto, que se reclina a la derecha sobre su lecho marital, desnudo junto a su voluptuosa novia, Psique y sus lascivos y embriagados huéspedes.
Giulio Romano llega a trazar una completa revisión de la incidencia de la duración en el proyecto y del tiempo en la obra. Este tiempo, más o menos elástico, es reivindicado en contra del dogma renacentista del concepto de “la obra definitiva e intemporal”. El edificio sueña ya con su destrucción y su ruina, celebrada con estrépito en la famosa “Sala de los gigantes”, donde bloques enormes de piedra aplastan a los gigantes rebeldes.
Otra sala de gran importancia es la “Sala dei Cavalli”, decorada con estilizados caballos, que hace homenaje a una de las funciones que realizaba el edificio de cuadra.



Bibliografía
-       CHASTEL, André. El arte italiano. Akal, arte y estética. Madrid, 1988
-       CASTEX, Jean. Renacimiento, barroco y clasicismo. Akal arquitectura, Madrid, 1994
-       TRACHTENBERG, Marvin y HYMAN, Isabelle. Arquitectura. De la prehistoria a la postmodernidad. Akal. Arte y estética, Madrid, 1990
-       VV AA. Giulio Romano. Edit. Electa, Milan, 1989
-       CARLO ARGAN, Giulio. Renacimiento y Barroco II. De Miguel Ángel a Tiépolo. Akal, Madrid, 1999

-       T. PAOLETTI, John y M. RADKE, Gary. El arte en la Italia del Renacimiento. Akal. Arte y Estetica, Madrid, 2002

viernes, 31 de mayo de 2013

Real Convento de San Gil (Madrid)



Era una iglesia real y convento, construido por orden de Felipe III, cerca del Palacio Real o Alcázar, en el viejo recinto de Madrid, lugar donde antes estaba la antigua parroquia de San Gil. El lugar en el que se ubica el convento tiene una historia que la precede, en la que hubo campañas constructivas diferentes. Por orden cronológico: 


El primer edificio del cual se tiene constancia es San Miguel de la Sagra. Se encontraba situada en el terreno que en la actualidad pertenece al Palacio Real, y frente a la puerta del Real Alcázar de Madrid. 
Es una iglesia muy desconocida, ya que fue de las primeras en desaparecer y a penas se conservan datos acerca de ella. Era de estilo románico, fechada en el siglo XII, que era uno de los primeros templos religiosos de la ciudad de Madrid.
Recibió el sobrenombre de “Sagra” por la cercanía con la puerta de la Xagra en la antigua muralla de origen musulmán, y por la que se accedía a las huertas y espacios de cultivo y de la que proviene el nombre, ya que “Sagra” en árabe, significa “campo cultivado”, es decir, huerto. Estos campos, estaban situados en la ribera del Manzanares.


Grabado de Jan Cornelisz Vermeyen (1534)
Titulado "El castillo de Madrid"
Se desconoce tanto la fecha de su fundación como su localización exacta. Se conserva un grabado realizado por Vermeyen  en 1534, llamado “El castillo de Madrid”, en el cual aparece la imagen de la iglesia junto a las torres del Alcázar.


En el año 1544, el emperador Carlos V, solicitó la demolición del templo para llevar a cabo la ampliación y reforma del Alcázar. Resulta extraño comprobar que la iglesia se encontraba tapando la visibilidad del Alcazar , por lo que cabe pensar, que la iglesia se construiría cuando el Alcázar tan solo sería una pequeña fortaleza musulmana construida por el emir cordobés Mohamed I entre 860 y 880, y que con el tiempo, resultase un estorbo al tapar el símbolo del poder imperial. Este sería uno de los motivos por los que Carlos V procediera a su demolición.


Vista aérea
El permiso fue concedido finalmente en 1548 con la condición de que se conservara al mismo párroco y cementerio, además de los derechos y fondos bautismales. Comenzaron las obras el 14 de mayo de 1548.
La demolición se efectuó un año después y en 1550 se comenzó la construcción de la nueva iglesia, situada en un lugar cercano a su anterior emplazamiento. Esta nueva edificación recibiría la advocación de dos Santos: San Miguel y San Gil, pero la iglesia sería conocida preferentemente por el nombre de San Gil el Real, por ser la parroquia de Palacio, además de por la cercanía al Alcazar.







Al ser la parroquia de Palacio, se realizaban las ceremonias reales, como el bautizo de los infantes don Fernando, don Diego Félix y el rey Felipe III.
Este último, Felipe III, funda en 1606 el “Real convento de San Gil”, cediendo la iglesia a los franciscanos descalzos o Descalzos de San Francisco, nombre con el que será conocido a partir de entonces. La iglesia sufrirá cambios importante, que llevarán a la ampliación del área conventual, el cual se adapta a la forma de la planta.


Plano de la ciudad de Madrid de Pedro Texeira Albernaz (1656)
Número XXVII, corresponde al convento de San Gil
El 22 de marzo de 1606, fecha de su fundación (relatada por Jerónimo Quintana), los franciscanos se trasladaron a un lugar próximo con motivo de las obras. El 26 de abril de 1613 se empieza a construir el convento definitivo, prolongándose las obras hasta 1615; estas fueron llevadas a cabo por Juan Gómez de Mora, (que en ese momento era el arquitecto del Rey). Estas reformas, fueron incluidos dentro del proyecto de transformaciones del Alcázar, por lo que, si hasta ahora no había quedado claro, aquí se muestra la importante conexión con la corona y la planificación real. 


Maqueta de León Gil de Palacio (1830)
El cartógrafo Texeira, en 1656, realiza un plano de la ciudad de Madrid , en el que nos muestra la situación del convento de San Gil; es uno de los pocos documentos en el que se nos muestra el edificio. También es de gran importancia la maqueta de León Gil del Palacio, realizada en 1830, siendo una de las más importantes de Europa .


La vida del convento tuvo buen funcionamiento durante casi 200 años. En el siglo XIX, fue derribado durante la invasión francesa, debido a la exclaustración ordenada por José Bonaparte. Desapareció casi por completo ya que ocupaba parte de la actual calle de Bailén y en su lugar se creó la plaza de oriente.

Los derribos comenzaron en 1809, cuando se empieza a remodelar toda esa zona. En ese momento, se dispersó y vendió todo lo que allí se encontraba, al igual que los religiosos, que se trasladaron al convento de San Cayetano. Algunos objetos y pinturas fueron adquiridos por el marqués de Salamanca.
Hasta el momento de su destrucción fue la sede de la Real Orden de Carlos III. Actualmente se pueden contemplar los techos abovedados en el Café de oriente, cuyo restaurante se asiente sobre los restos


A finales del siglo XX se llevaron a cabo excavaciones en la plaza de oriente así como un sector de la calle Bailén, con lo que se ha descubierto parte de la iglesia y convento de San Gil. Parte del convento permanece intacto bajo uno de los jardines laterales.


Arquitectura
El complejo de San Gil, se podría dividir en tres partes: iglesia, convento y huerto.
Anónimo - Bautismo del infante don Fernando
Graz (Austria) Col. Particular
La construcción de la iglesia, partiendo deade mediados del siglo XVI, según Veronique Gerard , correría a cargo del arquitecto Luis de Vega, responsable de las obras en los alcázares de Toledo y Madrid. La iglesia era de piedra, y poseía una galería exterior, y una torre de ladrillo en la que se alojaban las campanas.

Se encontró un cuadro anónimo conservado en una colección particular de la localidad austríaca de Graz , que muestra la procesión del infante D. Fernando el 16 de diciembre de 1571. Este cuadro nos ofrece una vista interior de San Gil. En ella se aprecia la existencia de pilares rectangulares de aspecto jónico que sostienen un sólido entablamento. En las naves laterales columnas de capitel corintio que forman una galería exterior de arcos de medio punto. Tras el arco toral, dos tribunas que siguen el eje longitudinal del coro . Están cerradas por un basamento de piedra coronado, a media altura, por columnas sobre cuyo entablamento descansa una bóveda de cañón de artesones. Más allá, la capilla mayor, está constituida por una rotonda iluminada por una hilera de pequeños vanos . La cabecera estaba delimitada por dos muros situados en su extremo sudeste, los cuales le separaban del crucero. La capilla sur estaba separada de la nave central por cuatro pilares rectangulares. Era una iglesia de una sola nave con capillas. El crucero estaba cubierto con media naranja y presbiterio. La nave se cubría con una bóveda de cañón con lunetos. El tejado estaba hecho con una cubierta de tejas.
San Gil se convirtió en el siglo XVI en una de las tres parroquias cercanas a Palacio (junto a Santa María y San Juan), y se ve rodeada de las viviendas de nobles y aristócratas . La población de San Gil era bastante reducida, por lo que las fuentes de ingreso eran bastante escasas. Esto provocará que con Felipe III, se una a la parroquia de San Juan, y se use el solar de San Gil para albergar el convento. La capilla mayor estaba iluminada por una rotonda de pequeños vanos. 

La iglesia del siglo XVI, obra de Luis de Vega, conserva muchos rasgos, a pesar de su reforma en el siglo XVII por parte de Juan Gómez de Mora, arquitecto del Rey Felipe III.
Las dimensiones de la iglesia, como demuestran las excavaciones, eran reducidas. Se encontraba sobre elevada con un plinto de mampostería o sillares. 

Interpretación del la planta,
según el cuadro de Graz
La cimentación se hizo con grandes bloques de piedra caliza y pedernal, irregulares, unidos con mortero de cal y arena. Gran parte de esta cimentación fue la de la anterior iglesia de Luis de Vega. La cimentación de es un tamaño considerable, en torno a metro y medio. Tenía una cripta bajo la cabecera, sostenida por medio de pilares rectangulares que estaban encalados y pintados de negro. Aquí se encontraba la necrópolis, que ocupaba toda la superficie de la iglesia y se sabe que tenía mucha actividad por la abundante cantidad de restos humanos que se han encontrado.












Fases Constructivas
Se han establecido 3 fases de reorganización espacial del convento
- Primera fase: sería la fase que muestra el plano de Texeira, es el momento posterior al traslado de la iglesia de su antigua ubicación.
- Segunda fase: al convertirse en convento de frailes franciscano, se requiere de más dependencias, como son el claustro, los dos aljibes, patios. Se cierra la esquina noroccidental del convento con un chaflán.
- Tercera fase: se producen reformas como consecuencia de la ampliación de la Calle del Tesoro, lo que produce el retranqueamiento de la fachada norte del convento.


Se realiza un coro alto, (Siglo XVII) situado a los pies de la nave, siendo este un lugar extraño para su colocación, ya que hasta el momento no se colocaba ahí. Posteriormente, esta sería la posición habitual de su colocación; por lo que apreciamos uno de los primeros ensayos del emplazamiento. Se sabe que el arquitecto, recibió alabanzas de sus contemporáneos por la construcción real.


El mobiliario interior conserva elementos de la antigua iglesia. En 1552 se enriquece con dos retablos nuevos, uno principal y otro secundario para el altar de la virgen. Los planos están firmados por Alonso Hurtado, mayordomo del rey. El pintor del retablo principal, es el madrileño Diego de Urbina, y el imaginario lo realiza Juan de la Plaça. Medía 4 metros de ancho y cinco de alto. Dividido en tres cuerpos con entablamento central. Sobre la custodia se encontraba Cristo crucificado con la virgen y San Juan, rematando el conjunto una escultura de Dios Padre. Los cuerpos laterales, de menor altura, con esculturas e San Miguel matando al dragón y San Gil, con la flecha y la cierva. Es un retablo armonioso.

El otro retablo, de la Virgen, es de un solo cuerpo, de dos metros de alto por uno de ancho. En él aparecen la figura de Nuestra Señora de la Concepción, de pie sobre una media luna, llevando al niño en brazos con una corona rodeada de rayos.

El retablo principal, fue reemplazado por uno de Vicente Carducho. Según Antonio Ponz, se componía de varios cuerpos, con adornos de columnas. Destacaba en el remate del retablo las estatuas de la Crucifixión, San Juan y la virgen (Similar composición que el anterior), así como otras esculturas en los intercolumnios. Este altar, tendría un cuadro situado en el centro, que representaría a San Gil, en un trono de nubes acompañado de ángeles. 
Plano de Madrid
Este artista, también realizaría para la iglesia una Inmaculada Concepción y San Antonio de Padua.

La iglesia tenía otras capillas, en las que no faltaba decoración. Sobre el arco de una capilla había una pintura de San Pascual, obra de Carreño y otro cuadro sobre La vida de San Pedro de Alcántara, pintado por Francisco Rodríguez de Miranda. En otro arco de capilla habría un Apóstol, de cuerpo entero, obra de Miguel Meléndez.

Frente a la puerta de la iglesia está la Capilla de la Orden Tercera. Estaría adornada con diseños de Ventura Rodríguez y en la bóveda tenía pinturas de Luis Velázquez. Esta capilla pertenecía a una orden desgajada del trono franciscano, y sería de las últimas en abandonar la iglesia cuando en el siglo XIX se procedía a su destrucción.


Divina Pastora
(Vicente Carducho)
En la sacristía se encontraría una estatua de San Francisco, realizada por Juan de Mena. Y además se conservaría dos cuadros grandes de Antonio Van de Pere (1618-1688) y una Divina Pastora, en su altar, de Luis Salvador, hoy en día desaparecida. La realizó en colaboración con José Galván, yerno de su maestro Villabrille . Se ha conservado un dibujo de cómo pudo ser aquella obra.


En el claustro, en un ángulo, habría un cuadro de Jesucristo atado a la columna, obra de Vicente Carducho. En el otro ángulo del claustro, estaba Nuestra Señora presentando el niño-dios a San Antonio, obra de Juan Van der Hamen.
El resto de obras de los ángulos, son de menor calidad, algunas de ellas correspondientes a la escuela de Carducho.


Las puertas de la iglesia, tenían ciertos bajorrelieves, escudos de armas y otras cosas ejecutadas según el estilo de Berruguete. Fueron realizadas en tiempos de Carlos V, pero no se tiene constancia de que fueran realizadas expresamente para el Convento de San Gil, o para otro lugar. Eran de la misma fecha que las columnas del atrio.


Además de la iglesia, se encontraba el convento, que se componía de numerosas estancias: rodeando el claustro hacia el norte, se encontraban la cocina y bodega. Hacia el este, estaban las áreas exteriores o huerto, que como se a podido constatar, sus dimensiones se vieron reducidas a lo largo del siglo XVII y la primera mitad del XVIII
Había una red de canalizaciones para el almacenamiento del agua, para regar los huertos.


A las afueras de San Gil, se encontraban las casas llamadas “del tesoro”, que eran accesorias al palacio antiguo. Estaban situadas interinamente en ellas la biblioteca real y la academia Española, rasgos característicos del interés que tenía Felipe V por promover la instrucción de sus vasallos.


Café de Oriente
Café de Oriente
Los restos del convento en la actualidad, se encuentra cubiertos por la plaza de oriente, al sur de donde se erige la escultura ecuestre de Felipe IV. Una excavación reciente , saco muestras que sirvieron para el estudio de cómo era el edificio que allí, 200 años antes se podía contemplar. Pero, por suerte, se pueden contemplar las bóvedas de una sala inferior del convento, situadas hoy en el Café de Oriente , cuyo restaurante se asienta sobre los restos.



BIBLIOGRAFÍA

- BARBEITO, José Manuel, Alcázar de Madrid, Madrid, 1992
- GERARD, Veronique, De castillo a palacio. El Alcázar de Madrid en el XVI. Xarait Ediciones, Bilbao, 1984
- HERNÁNDEZ REDONDO, José Ignacio, Luis Salvador Carmona (1708-1767) Diputación de Valladolid, 2009. P. 28
- MARTÍNEZ PEÑARROYA, José. Plaza de Oriente. Arqueología y evolución Urbana. Área de Obras e infraestructuras, Ayto. de Madrid.
- TOVAR, Virginia. Arquitectura madrileña del siglo XVII. Datos para su estudio. Instituto de Estudios Madrileños. Madrid, 1983. P. 253.

lunes, 23 de enero de 2012

Puerta Sur de la Catedral de Chartres

Fachada Sur

1. Historia

La catedral de la Asunción de Nuestra Dama, es una iglesia catedralicia de culto católico romano bajo la advocación de Nuestra Señora, la Virgen María.

Esta iglesia marco un hito en el desarrollo del gótico e inició una fase de plenitud en el dominio de la técnica y el estilo gótico, estableciendo un equilibrio entre ambos. Es sumamente influyente en muchas construcciones posteriores que se basaron en su estilo y sus numerosas innovaciones como las catedrales de Reims y Amiens.

La figura más importante en la historia de esta diócesis fue el obispo Fulberto de Chartres, teólogo escolástico reconocido en toda Europa.

Fue el modelo de las grandes catedrales francesas. Se trataba de una catedral románica del siglo XI, modificada a mediados del siglo XII, que ardió en 1194, siendo reconstruida a partir del siglo XIII.

La planta es grandiosa con un trazado en cruz, tres naves en el brazo longitudinal, un crucero marcado en planta también de tres naves, un presbiterio muy desarrollado y una doble girola con capillas. Poco a poco la planta de las iglesias cristianas se va alejando de la cruz latina (característica del románico) y va a ir tendiendo a la planta de salón, donde una amplia nave central produce el efecto de “espacio continuo”. 
El pórtico sur es un regalo del conde Pierre Mauclerc, de la familia real. Este pórtico introduce nueva iconografía al estilo de Chartres.

2. Puerta Sur

La portada sur presenta entre sus gabletes y a cada lado, una especie de corona de arcadas en las que se hallan las estatuas de los reyes de Judá. La enmarcan dos torres inacabadas. Con sus torres y su gran rosetón que domina la portada, este conjunto probablemente debía constituir la nueva fachada de la iglesia, después que la antigua fachada occidental hubiera quedado superada por la de la catedral de Laon, de soberbio atrevimiento en su estructura, con sus porches profundos, los poderosos nichos de sus ventanas y sus arquerías abiertas. Los muros sobresalientes del transepto y la base de las torres están tapizadas de finas columnas, semejantes a las cuerdas de un arpa (Un medio de expresión arquitectónico que encontrará su máximo desarrollo en la fachada de la catedral de Estrasburgo, visión aérea, libre de toda pesadez)

Portal Sur
Es impresionante observar que toda la decoración esculpida se concentra alrededor de las portadas y abunda a lo largo de los porches, sobre las puertas, en los derrames, en los parteluces, en las arquivoltas, para alcanzar el punto culminante de su expresión dramática en los tímpanos. Después, una vez atravesado el portal, toda imagen esculpida desaparece; incluso las esculturas del gótico tardío que rodean el coro (ausentes en el plano inicial) escapan a la primera mirada, que asciende a lo largo de las formas simples y sobrias de la arquitectura hasta las imágenes inmateriales, tejidas de luz de las vidrieras.

Las puertas del santuario señalan simbólicamente el paso de un mundo al otro, de la existencia terrenal al reino de Dios. La multitud de formas materiales permanece en el exterior, en el interior sólo reina el esplendor de la luz.

El edificio sagrado, cuya orientación ha sido determinada por los movimientos celestes, es en cierto modo el lugar donde el tiempo se ha convertido en espacio. A su vez, la portada que es espacio en cuanto elemento arquitectónico, permite vivir el paso del umbral como el instante del tránsito, como son la muerte, el juicio y la resurrección. Asimismo, el despliegue de la divina liturgia y el desarrollo de sus movimientos alrededor del altar metamorfosean de nuevo el edificio entero en una sucesión temporal.


a. Portal Central

El portal central muestra el Juicio Final con esculturas de los apóstoles en las jambas. 
En el dintel sobre la puerta hay un friso con una visión del Apocalipsis, con el Cielo y el Infierno. Es la primera vez en la iconografía religiosa que se narran el Juicio Final y el Apocalipsis conjuntamente. Hasta entonces ambos temas habían sido tratados siempre de forma independiente pese a estar estrechamente relacionados. Cristo es representado en el tímpano con rasgos amables y humanos en el juicio final, esta figura es conocida como el Beau Dieu. La escena es en general tratada por el escultor de forma que inspira compasión divina, muy diferente a otras representaciones anteriores en las que se intenta resaltar el sufrimiento para inspirar temor a la ira de Dios.

Detalle Portal Central
La portada sur reúne a los doce apóstoles alrededor de la puerta central, los mártires alrededor de la puerta de la izquierda, y los confesores a cada lado de la puerta de la derecha; todos se refieren a la figura de Cristo enseñando que se levanta en el parteluz de la puerta principal. Sobre éste, en el tímpano, se ve la representación del Juicio final, lo que a primera vista parece contradictorio con el orden litúrgico seguido generalmente, que quiere que el Juicio final aparezca en el oeste, frente al coro. Hay que leer esta representación como una prolongación y una ampliación de la majestas (la expresión de la victoria divina y de su esplendor). El Cristo en gloria forma, con la virgen María y san Juan, una especie de Deisis, enmarcada por los ángeles que llevan los instrumentos de la pasión, de la que la catedral de Chartres creía poseer unos fragmentos.

En los derrames de la puerta izquierda, orientada más al este, están frente a frente los dos grupos de la Anunciación y la Visitación, acompañados por los profetas Daniel e Isaías, anunciadores del Mesías. Las estatuas de Lía y Raquel, que encarnan la vida activa y la vida contemplativa, fueron destruidas durante la Revolución, al igual que las que representaban a la Iglesia y la Sinagoga. La historia del nacimiento de Cristo prosigue en el tímpano, donde se puede ver la Natividad, el Anuncio a los pastores, y el sueño y la Adoración de los Reyes Magos.

Tradicionalmente se hubiesen representado a los cuatro evangelistas tanto en el Juicio Final como en el Apocalipsis pero al unir ambas escenas, estos quedaron excluidos de los relieves, por lo que son representados en las jambas del portal en estatuas de mayor tamaño. Esto deja un espacio disponible en los relieves que es ocupado por la Virgen, a la derecha de Cristo, y por San Juan que le ruegan  por las almas de los juzgados aumentando la sensación de compasión en el conjunto. Ambas figuras son del mismo tamaño que Jesús, lo cual para algunos teólogos de la época daba una imagen demasiado humanizada de Cristo. Esta equiparación de tamaño se cree que puede simbolizar el poder de intercesión de la Virgen y de San Juan, que había sido establecido ya desde los tiempos de la primera iglesia bizantina.


b. Portal Occidental: Mártires

El pórtico izquierdo está dedicado a los mártires de la Iglesia, con el martirio de San Esteban como escena central en el tímpano. Son célebres en este pórtico las figuras de San Jorge y San Teodoro, en las que contrasta el aspecto anciano y adusto del primero con el rostro joven y bello del segundo.

Los mártires están representados por san Esteban, san Clemente y san Lorenzo, acompañados del soldado de Dios, san Teodoro; después vienen san Vicente, san Dionisio y san Piat, tres sacerdotes, y a su lado san Jorge, el santo guerrero. Las dos figuras de caballeros, san Teodoro y san Jorge, son de una factura visiblemente más tardía y hacen el efecto de ser retratos del natural, al tiempo que son también tipos, en la medida en que el ideal caballeresco de la época encuentra en ellos su expresión directa. El tímpano cuenta la historia del primer mártir, san Esteban.


c. Portal Oriental: Confesores

Conocido como el portal de los Confesores, se contrapone al izquierdo; mientras que los mártires dan testimonio de Dios con su muerte los confesores lo hacen con su vida. Tanto unos como otros serán admitidos en el Paraíso el día del Juicio Final que se narra en el centro.

Si los mártires son los “testimonios” de Cristo en el sacrificio de su vida, que les une a él, los confesores lo son en su sumisión a la verdad. Sus representantes son, en un lado de la puerta de la derecha, los obispos san Nicolás, san Ambrosio y san León, y después san Laumer, un santo de la diócesis de Chartres; en el otro lado, san Martín, San Jerónimo y san Gregorio, así como san Avito, un santo local. San Martín y san Nicolás realizaron milagros, san Jerónimo y san Ambrosio son doctores de la Iglesia, san León y san Gregorio fueron papas. El tímpano presenta escenas de la vida de san Nicolas y de san Martín.


d. Vitrales

Son de la misma época que los del lado norte y muestran la glorificación de Cristo en el rosetón con los evangelistas y ángeles y en el círculo externo los patriarcas del Apocalipsis y las armas de los donantes de la vidriera. En los ventanales muestra a los cuatro evangelistas en la parte superior de cada ventana lateral (de izquierda a derecha: Lucas, Mateo, Juan y Marcos) sobre los profetas Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel. En la ventana central la figura de la virgen con el niño.



BIBLIOGRAFÍA

-  BURCKHARDT, Titus; “Chartres y el nacimiento de la catedral”, Editorial el Barquero

Sabiduría de la ilusión

"Los que no han soñado con atravesar el mar probablemente han querido siempre, incluso en sueños, estar al margen de todo pe...