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martes, 17 de enero de 2012

Ovidio entre los escritas (Eugène Delacroix, 1859-1862)


Ovidio entre los escitas es un cuadro que fue pintado por Eugène Delacroix entre 1859 y 1862.
Es el último cuadro de la exposición y, al parecer, el último que pintó Delacroix, representa a Ovidio lamentando su triste suerte en el exilio al borde del Ponto Euxino mientras los pastores escitas le traen leche de burra. Una meditación sobre el destino del genio, algo que no le pasó a Delacroix, quien, a pesar de su violencia y hasta su ferocidad, siempre fue bien visto en los salones y poderes del siglo.
En el año 8, después de Cristo, el poeta latino Ovidio, por razones que se desconocen, fue exiliado por orden del emperador Augusto a las costas del Ponto Euxino, actual mar negro. Habiendo intentado en vano volver a Roma, redactó en el exilio las “Tristes y las Pónticas”, que expresan su nostalgia por la tierra natal y su dolor a causa del exilio.

Delacroix eligió este tema grave y melancólico, sobre el que llevaba pensando varios años. En efecto, la primera aparición de este tema se produce en una nota tomada en un carnet, hacia 1835 algunos años después de la primera versión de Tasso en el manicomio (primera versión la foto de la derecha) y poco antes de la segunda en 1839. Son notables las analogías entre estas dos figuras de poetas que sufren la ingratitud del poder. Sin embargo, se observó como la concepción del tema evolucionó notablemente entre 1835 y 1859. Allí donde el joven Delacroix  insistía en el genio convertido en esclavo y “Obligado a servirse de las fuerzas de su cuerpo y su saber” para sobrevivir, en la obra de 1859, por el contrario, el poeta es bien recibido por los bárbaros, que lo tratan con respeto, llevándole frutas silvestres y leche de yegua. A pesar de su tosquedad, estos hombres y mujeres, tal como los describe Estrabón en su Geografía: “muestran cualidades morales que las naciones civilizadas bien podrían envidiar”
En consecuencia, el cuadro debe resituarse en la reflexión del artista, a partir de los años cuarenta, sobre las relaciones entre barbarie y civilización, que encontró su máxima expresión en las decoraciones del Palacio Bourbon; donde pintó por primera vez un medallón con el tema de Ovidio entre los escitas.

Es lo finito en lo infinito. ¡Es el sueño! Y no me refiero con esta palabra a los embrollos nocturnos, sino a las visiones producidas por medio de una intensa meditación”                                                                                                                     
                                                                                                                                Baudelaire

El fondo paisajístico con altas formaciones montañosas acentúa sobremanera la sensación de profunda melancolía que el artista pretende comunicar. La manera en que se construye el lienzo aumenta, por la impresión de lejanía. El grandioso panorama y el alejamiento de las figuras, el sentimiento de estar entre dos mundos, en un espacio fronterizo de lo real.  

La muerte planea sobre esta espléndida composición. Así es; en la parte superior de la escena, Delacroix ha escrito unos versos de los funerales de Patroclo, extraídos de la Ilíada. El cuidado acabado del dibujo, la regularidad de la escritura y su colocación arriba a la izquierda de la hoja demuestran sin duda que no se trata de unas notas tomadas al azar, sino que hay una relación significativa entre la descripción de la formidable pira de Patroclo y la de Ovidio entre los escitas. Delacroix asocia, de esta manera, el tema del cuadro y el de la tumba de Ovidio. La acogida dispensada por los escitas, las frutas silvestres y la leche de yegua anticipan las ofrendas y ritos funerarios.
Delacroix es un nuevo Ovidio, al que la posterioridad cubrirá de elogios, pero al que él, Baudelaire, ya había reconocido en vida. El homenaje al maestro es un homenaje a sí mismo también; el cuadro, un testamento.

BIBLIOGRAFÍA

-   Guia exposición Eugène Delacroix, Caixa Forum, Madrid
-   NÈRET, Gilles, « Eugène Delacroix », Taschen 2002
-   La obra pictórica completa de Delacroix, Ed. Noguer, 1973




miércoles, 11 de enero de 2012

Mujeres de Argel (Eugène Delacroix, 1834)


Título: Mujeres de Argel "Femmes d'Alger Dans leur appartment"
Autor: Eugène Delacroix

Identificación técnica: Óleo sobre lienzo

Estilo: Romanticismo
Cronología: 1834

Dimensiones: 180 x 229 cm.

Museo: Museo del Louvre
Ciudad: París



BIOGRAFÍA
Eugène Delacroix nació en Charenton-Saint-Maurice en 1798 y fallece en París en 1863
Calificado por Baudelaire como “el más moderno de los artistas”, Delacroix despreciaba su época, odiaba el progreso y era conservador en sus gustos y actitudes; considerado de manera unánime la encarnación del romanticismo en Francia.
Fue considerado como un fanático rebelde ya que no aceptaba las normas que marcaba la Academia. No aceptaba toda aquella teatralería acerca de griegos y romanos, con la insistencia respecto a la corrección en el dibujo y la constante imitación de las estatuas clásicas.
David y su escuela cultivaban el gran estilo y admiraban a Poussin y Rafael, mientras que Delacroix sacaba de quicio a los entendidos prefiriendo a los Venecianos y a Rubens.
Estaba cansado de los temas cultos que la academia quería que plasmaran los pintores, por lo que en 1832 se fue al norte de África a estudiar el brillante colorido y los románticos ornamentos del mundo árabe. Hizo una breve parada en Argel, desde el 25 al 28 de Junio de 1832, y hacia el final de su viaje, pudo visitar un harén argelino, y su comentario fue:

“Es hermoso como en los tiempos de Homero. En el gineceo, la mujer se ocupa de los niños, hila lana o teje espléndidos tejido. Es la mujer tal como la entiendo yo”

ANÁLISIS
Este cuadro fue expuesto en el salón de 1834, y fue adquirido por 2400 francos por el Rey Luis Felipe, a pesar de que el pintor era reacio a cederlo.
Es un cuadro de carácter oriental y romántico, famoso por sus connotaciones sexuales que representa un harén, en el cual hay cuatro personajes: tres concubinas y una sirvienta. La figura de la izquierda se supone que presenta los rasgos de una parisina; Elisa Boulanger, del resto de figuras se desconocen datos. Al entrar Delacroix en el harén, pudo observar de cerca y dibujar a sus anchas a las mujeres musulmanas en su intimidad.
En las obras de Delacroix inspiradas en África destaca la forma en que es representada la luz, ya que quedo entusiasmado cuando descubrió la luz del norte del continente y la tomo como modelo para realizar sus obras posteriores.
Este lienzo cautiva por su serenidad y su silencio. Parte del rostro de las mujeres queda inmerso en la sombra, para lograr un aire de misterio y asilamiento. Su ideal de belleza es una combinación de suntuosidad oriental con rasgos griegos. Las carnaciones están tratadas con tonos bronceados, reforzando el exotismo de la pintura
La sirvienta, que está colocada de espaldas y girando, introduce al espectador en el cuadro. Para Delacroix este universo femenino encarnaba lo verdadero y lo bello, redescubriendo la Antigüedad.
En cuanto a la técnica usa pequeños toques de color, lo cual explica que sea considerado precedente del impresionismo. Destaca el tratamiento cromático que le dio a las ropas: pantalones verdes con motivos amarillos, enaguas verdes y azules, un chal amarillo con rayas rojas, una falda rosa y negra.
Los historiadores conocen muy bien los pormenores de este viaje, gracias al Diario de Delacroix, las cartas que dirige a sus amigos y al álbum de croquis que realiza. Ambos documentos nos hacen llegar una relación ilustrada y exacta del viaje. Estos documentos son los que ayudaron a Delacroix a realizar sus obras una vez que regresó a Francia. Delacroix anotó a la hora de realizar estas obras:

“Comencé a realizar obras aceptables sólo cuando me hube olvidado de los pequeños detalles. Únicamente así me venía a la mente el aspecto poético y llamativo de las imágenes. Anteriormente, mi objetivo era perseguir la exactitud y la verdad”

OTRAS OBRAS DEL VIAJE A ÁFRICA.
Delacroix se influencio de su viaje al norte de África para realizar más cuadros como:
-          Caballería árabe a la carga, 1932
-          Ceremonia nupcial judía en Marruecos, 1837-1841
-          Las convulsiones de Tánger, 1837-1838
-          El Mulay Abderraman, 1945
Todos ellos junto a las mujeres de Argel comparten ciertos rasgos iguales; no hay precisión de contornos ni desnudos modelados esmeradamente por degradación de tonos de luz y sombra, ni forzado equilibrio en las composiciones y tampoco se trata de  temas edificantes o patrióticos.

INFLUENCIA
Este cuadro sirvió de fuente de inspiración a autores impresionistas, desde Auguste Renoir a Henri Matisse por su intenso colorido, también inspiró una quincena de cuadros de Picasso con el mismo nombre en los años 1954 y 1955


BIBLIOGRAFÍA


- NÉRET, Gilles, Eugène Delacroix; Taschen, 2002

- La obra pictórica completa de Delacroix, Ed. Noguer 1973
- HERNANDO, Jacier, Eugène Delacroix Colección: el arte y sus creadores, historia 16
- GOMBRICH, E.H. La historia del arte Ed. Phaidon 1995
- MARTIN REYNOLDS, Donald, Introducción a a historia del arte: el siglo XIX. Ed. Gustavo Gili, 1985
- Neoclasicismo y romanticismo, Arquitectura, pintura, escultur y dibujo, Ed. Köneman 2000

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