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viernes, 29 de abril de 2016

Frida Kahlo y La casa azul (1907-1954)


Nombre original:         Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón
Fecha de nacimiento:  Coyoacán, México, 6 Julio 1907
Fecha de defunción:    Coyoacán, México, 13 julio 1954
Ocupación:                   Pintura y fotografía
Movimiento artístico:  Surrealismo




BIOGRAFÍA
Frida Kahlo nació el 6 de julio de 1907 en Coyoacán, una delegación de México D.F., en la casa que fuera propiedad de sus padres desde 1904 y que hoy conocemos como La Casa Azul. Era la hija de Wilhelm (Guillermo) Kahl de ascendencia húngaro-alemana y Matilde Calderón originaria de Oaxaca. Frida es la tercera de cuatro hijas. Sus hermanas mayores, Matilde y Adriana, y su hermana menor que estuvo muy ligada a la pintora, Cristina.
A la edad de 6 años Frida padece de poliomielitis, lo cual fue determinante en la deformación de su matriz y posteriormente en su incapacidad para tener hijos. Durante la convalecencia de nuevo meses, su padre se aseguró de que ejercitara los músculos de su pierna, pero a pesar de los esfuerzos, su pie quedó deformado al haberse estancado su crecimiento. Frida intentó esconderlo mientras llevaba pantalones, faldas largas y con dos pares de calcetines.
Empieza las clases en la Escuela Nacional Preparatoria en 1922. Era una de las 35 chicas que habían tenido la suerte de asistir a esta escuela con la esperanza de convertirse en doctor. Se convierte en miembro de los Cachuchas, un grupo político con ideas socialistas-nacionalistas y conoce al que sería su novio, el líder del grupo Alejandro Gómez Arias.
El 17 de septiembre de 1925 a la edad de 18 años sufre un trágico accidente. El autobús en que viajaba es arrollado por un tranvía. Se fractura la pelvis y sufre lesiones en la espina dorsal, lo cual hizo dudar a los doctores de su capacidad para recuperarse. Pero debido a la inmovilidad que debía guardar los primeros meses empieza a pintar, primero con acuarelas y después con óleos. En septiembre de 1926 pinta Autorretrato con traje de terciopelo. Lo realiza para su novio, el cual lo abandonó sospechando que le había sido infiel antes del accidente pero mantienen una relación por correspondencia.
También durante esta época descubre que no podría tener hijos, lo cual la lleva a crear un certificado de nacimiento de un hijo imaginario.
Por su reciente interés por la pintura se relaciona con varios artistas, entre ellos la fotógrafa Tina Modotti y con el que en un futuro sería su esposo, Diego Rivera. Rompe su relación con Alejandro y se vuelca con Diego, con quien se casa cuatro años después el 21 de agosto de 1929.

La boda no gustó del todo a su familia ya que en comparación, ella era mucho más joven, mucho más menuda y más delgada que su marido, pero él poseía los medios necesarios para cubrir las necesidades médicas de la artista. Ambos vivirán en La Casa Azul y en el estudio de Diego, en Ciudad de México. Además de pasar temporadas de su vida en Cuernavaca y distintas ciudades de los EEUU como Detroit, San Francisco y Nueva York.
En este año también firma su segundo autorretrato con el que establece el estilo folklórico que sería su firma como artista, El tiempo vuela.


Sufre su primer aborto en 1930 debido a que el feto estaba en una posición incorrecta por su pelvis fracturada. Se trasladan a San Francisco donde conocerá al doctor Leo Eloesser, quien será uno de sus médicos de cabecera y uno de sus mejores amigos.

Frida regresará a México dejando a Diego trabajando en San Francisco. En México, Frida conoce al fotógrafo Nickolas Muray con quien mantuvo una relación amorosa secreta de casi 10 años.

Sufre un segundo aborto en 1932 mientras ella y Diego residían en Detroit, y su tercer aborto en 1934 donde además la operaron de apendicitis y la amputaron las puntas de sus dedos del pie derecho. Este mismo año, la pareja se separa ya que Frida descubrió que su marido estaba teniendo una relación amorosa con su hermana menor, Cristina. Un año después se reconcilian paro acuerdan tener vidas independientes.

A partir de 1936 su actividad política se multiplica. Estalla la Guerra Civil española y ellos actúan ayudando a los Republicanos españoles. También acogen en su casa a Leon Trotsky y su esposa, Natalia, con quien Frida mantendría una relación temporal.
Las constantes infidelidades de Diego provocan una crisis emocional en Frida, que hará que en 1939 se divorcien para tan solo un año después volver a contraer nupcias.
Entre 1940 y 1944 es el momento en que Frida Kahlo realiza más exposiciones, seminarios y realiza más obras. Es un tiempo bastante fértil en temas artístico y tranquilo. Hasta que en 1944 se acentua su declive físico. Utiliza más de 25 corsés para mantener su espalda en buena posición, es operada varias veces. Entre 1950 y 1951 permanece internada en el Hospital Inglés.
En 1953 le amputan la pierna ante una amenaza de gangrena. Y finalmente en 1954 cuando el Instituto Nacional de Bellas Artes le preparaba una muestra retrospectiva como homenaje nacional, muere en la casa Azul a la edad de 47 años.

A pesar de su estado de salud y de las múltiples operaciones, Frida compaginó su actividad artística con su activismo político. En múltiples aspectos de su vida como el lenguaje, la vestimenta y la gastronomía, Frida lucha por rescatar las raíces del arte popular mexicana buscándose así una identidad nacional.
En varias ocasiones se consideró el estilo de Frida como surrealista donde ella declaró:

“Piensan que soy surrealista, pero no es cierto, no lo soy. Yo nunca he pintado lo que sueño. Yo pinto mi propia realidad”

Esta frase recoge de manera muy dolorosa la que había sido su vida, que muchos consideraban una creación de su subconsciente cuando realmente era una transliteración de su dolorosa vida en imágenes.


OBRA
Se convirtió en vida en la pintora latinoamericana más famosa del siglo XX. Su obra gira entorno a su biografía y a su propio sufrimiento. Entre sus obras destacan principalmente autorretratos en los que proyectó sus dificultades para sobrevivir.

Además, posee una fuerte influencia de su esposo, Diego Rivera, con quien compartió su gusto por el arte popular mexicano de raíces indígenas, inspirando a otros pintores mexicanos del periodo posrevolucionario.
En 1931 realiza la primera muestra pública de su trabajo en la Sexta Exhibición anual de la Sociedad de San Francisco de Mujeres Artistas, con su cuadro Frida y Diego Rivera.
El 23 de septiembre de 1937. Cuatro de las pinturas de Frida fueron incluidas en la exposición colectiva en la Galería de arte de la Universidad Nacional Autónoma de México.

En 1938 logra su primera venta importante, vendiendo cuatro de sus cuadros al coleccionista americano y actor Edward G. Robinson por $200 cada uno. Ese mismo año realiza su primera exposición en solitario en la Galería Julian Levi, 15 East 57th St, del 1 al 15 de noviembre. Se mostraron 25 de sus cuadros y se vendieron la mitad de ellos.

En 1939 por invitación de André Breton quien la consideraba “surrealista”, expuso sus pinturas en Francia, aunque Frida no se consideraba tal, porque decía que ella no pintaba sueños sino su propia vida. La obra Autorretrato-El marco (Actualmente en Centro Pompidou), fue el primer cuadro adquirido por el Museo del Louvre, lo cual le llegó por sorpresa ya que ella misma pensaba que lo sus pinturas no podrían tener interés público.

En 1940 exhibió su trabajo en “Pintura Mexicana contemporánea y arte gráfico” en el Palacio de Bellas Artes de San Francisco, durante la exhibición Internacional Golden Gate.
A pesar de que gozó del reconocimiento de destacados pintores como Pablo Picasso, Kandinski o Marcel Duchamp, su obra no alcanzó verdadera fama y reconocimiento internacional hasta la década de 1970.
Algunas de sus obras más famosas son: Las dos fridas, Viva la Vida, Unos cuantos piquetitos y Diego en mi pensamiento.

En la actualidad, su obra posee una importante posición en el mercado de arte. Sus cuadros se encuentran en numerosas colecciones privadas de México, Europa y los Estados Unidos. Ha sido adoptada como representante del movimiento feminista a nivel internacional. Frida se ha convertida en leyenda, en referente cultural, rebasando el mito que la pintora creara de sí misma.


LA CASA AZUL


Ubicación: calle de Londres, 247 
Coyoacán, México D.F.
Fecha construcción: 1904
Metros edificados: 800 m2
Metros de parcela: 1200 m2

Ubicado en uno de los barrios más antiguos y bellos de la ciudad de México, el centro de Coyoacán. Perteneció a la familia Kahlo desde 1904 y hasta 1958 cuando fue convertido en el Museo Frida Kahlo. Conocida como la Casa Azul, fue el universo íntimo de Frida Kahlo.
Fue construida en 1904 por Guillermo Kahlo al estilo de las casas de la época: un patio central con los cuartos rodeándolo y al exterior totalmente afrancesado.

En los años posteriores sufrió modificaciones acordes a los gustos de la pareja: la pintaron de azul. Adquirió el jardín en 1937 y Diego Rivera manda construir a Juan O’Gorman un estudio para Frida en 1946. Diego propuso el uso de materiales de la zona: piedra volcánica o basalto, que fue usado por los aztecas para construir pirámides y tallar sus piezas ceremoniales. Finalmente en 1958 a petición de la difunta pareja, se decide compartir su casa y su obra con el pueblo mexicano, convirtiéndose así en un Museo.

Su casa recibió en vida a escritores, artistas, directores de cine, médicos, político, fotógrafos como André Breton, Tina Modotti, Edward Weston, León Trotsky, Juan O’Gorman, Carlos Pellicer, José Clemente Orozco, Isamu Noguchi, Nickolas Muray, Sergei Eisenstein, el Dr. Atl, Carmen Mondragón, Arcady Botler, Rosa y Miguel Covarrubias, Aurora Reyes e Isabel Villaseñor, entre otros.


La casa Museo
Nos permite descubrir la profunda relación entre las pinturas de Frida y su hogar. Sus habitaciones contienen parte de la obra de Frida y Diego, quien también vivió ahí. Destacan Viva La Vida y Frida y la Cesárea.

HABITACIÓN. Aquí se encuentran las camas (de día y de noche), aquellas que utilizó Frida para pintar mientras estaba inmovilizada de la columna. En el techo de la habitación hay un espejo, que fue colocado ahí para que Frida pudiera retratarse. En la cabecera permanecen los retratos de Lenin, Stalin y Mao Tse Tung. Hay un caballete, regalo de Nelson Rockefeller, sus pinceles y sus libros, también una colección de mariposas que fue regalada por Isamu Noguchi, y el retrato que hizo Frida de su amigo y amante Nickolas Muray.

Los objetos que más representan el dolor de la artista también están presentes. Muletas, corses y medicinas son los testimonios de su dolor. También destaca el estudio y su biblioteca, donde se aprecia a una Frida coleccionista.

COCINA. La cocina de la casa, a pesar de existir ya los fuegos con gas, Frida gustaba de cocinar de forma tradicional, así que todavía usaban fuegos a base de leña.imiento feminista a nivel internacional. Frida se ha convertida en leyenda, en referente cultural, rebasando el mito que la pintora creara de sí misma.


ENLACES

- http://www.museofridakahlo.org.mx/esp/1/frida-kahlo/biografia
- http://arqui-mexico.blogspot.com.es/2012/07/notas-y-articulos-de-arquitectura-la.html
- http://www.fkahlo.com/
- http://www.biografiasyvidas.com/biografia/k/kahlo.htm





jueves, 24 de septiembre de 2015

Mata Mua (Paul Gauguin, 1892)



MATA MUA (o Érase una vez)
Paul Gauguin
1892
Museo Thyssen

Lo primero a destacar de esta obra, que resulta de esencial relevancia, es que fue realizada durante su periodo de estancia en Tahiti. Gauguin, se traslada allí en junio de 1891. Durante este momento importante de su vida, busca huir de la civilización europea y de todo lo artificial para buscar los orígenes más puros del ser humano; al margen de occidente. Como él mismo afirmó en su famosa frase “Je veux aller chez les sauvages”, quiero irme con los salvajes.
Su búsqueda de lo primitivo y lo exótico estuvo presente durante toda su vida, pero es con su estancia en Tahití donde consigue crear un arte más próximo a aquello que él buscaba. Durante su primera estancia estuvo hasta julio de 1893. Esta obra pintada en diciembre de 1892, se realizó como motivo de haber experimentado que el paraíso perdido que buscaba, no existía como tal. El propio titulo de la obra en francés “autrefois”, antaño en español, alude nostálgicamente a aquel pasado glorioso, que para Gauguin, residía en esencia en el arte primitivo.


Pero, a pesar de que su viaje no fue del todo lo que esperaba, logro evadirse de la realizar para pintar lo que pudo ser. En este lienzo se reúnen ambas cuestiones que el planteaba, al presentar el exótico paisaje, con fuertes colores (seña de identidad de Gauguin) y los primitivos bailes y cultos que aparecen al fondo, junto al gran ídolo. En este lugar no hay contaminación, todo es armonía, paz y esencia.


La escena se desarrolla en un paisaje idílico, cerrado por montañas. Hay varios planos de representación, separados entre si por líneas onduladas dispuestas sobre el eje horizontal, dando la impresión de montículos con sombras coloreadas. Estas separaciones las hacían los artesanos antiguos con los esmaltes y las vidrieras, técnica que empleó Gauguin por primera vez en Bretaña.
En este espacio hay dos planos de acción. En primer plano aparece una mujer tocando la flauta junto a otro personaje. Esta representación, es similar a la obra del autor, Arearea (o Pastorales tahitianas), copiando la disposición de las dos figuras y hasta el tipo de árbol. En un segundo término, separados por un árbol que divide la composición hay un segundo grupo que baila alrededor de la diosa Hina, deidad de la luna. Cabe señalar, que esta escena es producto de la ficción de Gauguin, se inspira en varias fuentes, pero desconocemos si la estatua existía o si el ritual fuese de esa forma.
Los colores, muy variados, están aplicados de manera plana, siguiendo la estampa japonesa, interesándose por los contrastes cromáticos, y quedando algunos restos de influencia impresionista al aplicar algunas sombras coloreadas.


Lo que encontró Gauguin en Tahití, no era más que los restos de un pasado glorioso, para entonces en vías de extinción (hoy día, extinto por completo). Mata mua (Érase una vez); es un canto a la vida originaria que tanto ansiaba encontrar el pintor francés. Lo realiza en colores planos, muy vivos, al margen de cualquier pretensión naturalista, lo cual supone una pintura muy primitiva, un canto a esa edad de oro perdida.


Enlace:
http://www.museothyssen.org/thyssen/ficha_obra/710

JEAN-FRANÇOIS MILLET (1814-1875)

Retrato realizado por Nadar
En 1848, unos artistas se congregaron en la aldea francesa de Barbizon para seguir el programa de Constable y observar la naturaleza con ojos limpios. Uno de ellos fue Jean-François, Millet, que resolvió ampliar este programa del paisaje a las figuras. Se propuso pintar escenas de la vida cotidiana de los campesinos, mostrándolos tal como eran, eso es, pintar hombres y mujeres trabajando en el campo. Es curioso advertir que esto haya podido considerarse revolucionario, pero en el arte del pasado los campesinos eran considerados como paletos jocoso.
Rosen y Zerner señalaron que “los tres enemigos de la pintura realista eran lo sentimental, lo pintoresco y lo anecdótico”. De estos aspectos, el que sería característico de Millet, es sin duda el sentimentalismo. Y es que, la Revolución de 1848 no había pasado en balde, y es evidente la carga de denuncia por las condiciones de vida de los campesinos pero, donde otros artistas se habrían estancado en la carga política del cuadro, Millet, les dota de un afán épico para hacerles aparecer como sentimentales.

Autor
Jean-François Millet, nacido el 4 de octubre de 1814 en una familia campesina de Gruchy, en la región de Baja Normandía.
Se preparó como pintor local de Cherburgo, después estudio en París en 1837 con Delaroche. Estaba influido por Daumier, trabajó en un estilo pastoral con toques socialistas, que siguió desarrollando en el pueblo de Barbizon, en el bosque de Fontainebleau, donde se instaló en 1849 con Théodore Rousseau, Narcisse Díaz y otros. Los miembros de este grupo, llamado la Escuela de Barbizón, influidos por Corot, los paisajistas holandeses del siglo XVII y Constable, fueron los precursores del impresionismo.

La reputación y el éxito de Millet crecieron a lo largo de la década de 1860, por sus exposiciones en el Salón. Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor; la más conocida e importante de las distinciones francesas. En 1870 fue elegido jurado del salón.
Sus últimos años destacan por el éxito financiero y su creciente reconocimiento oficial, a pesar de ser incapaz de completar los encargos gubernamentales por su salud. Falleció al poco de casarse con Catherine, el 20 de enero de 1875.

Sentimentalismo
El sentimentalismo, como característica, sería uno de los principales rasgos del arte del siglo XIX. Sobre todo en la literatura. Pero aquí, se trata como si fuera un sub-movimiento, del cual es partícipe Millet. Es difícil de definir, pues la falsedad de las emociones depende en gran medida de la percepción del espectador.

La historia de Millet, es una demostración espectacular de ello.
Ciertos cuadros, como las espigadoras, en un principio habían sido una representación  de la realidad brutales y profundamente revulsivas, para pasar posteriormente a ser considerados sentimentales y convencionales.
El ángelus, siempre tendrá mala fama porque no es fácil defenderlo de esta acusación.
Resulta imposible evitar las asociaciones exteriores que evoca la pintura, o, lo que es peor, están construidas por ella. El propio cuadro se muestra en exceso abrumado ante la dignidad de la vida de la pareja campesina. Exhibe sus méritos y sus sufrimientos, demuestra compasión por su piedad.

Millet nunca buscó ni explotó el sentimentalismo, por lo menos, no de la forma en que lo hizo un pintor contemporáneo suyo como Bastien-Lepaga, participe del naturalismo, influido por Millet y Courbet, el cual también tenía como tema central los retratos de figuras y escenas campesinas; pero dotándolas de un cierto aire melancólico. A pesar de eso, serán los cuadros de Millet los que se convertirían en ejemplos claros de ellos. Mostrándonos una sensibilidad hacia el campesinado y la gente de campo, sin intención de que fuese así.

Obras
Son muchas las obras que realizó el artista, pero en este apartado me dedicare a hacer una mención de aquellas que tuvieron una mayor importancia, y donde hay una mayor unión entre figura y paisaje; característica clave de su obra


El aventador (1848)
Museo del Louvre, París
Es una de sus obras tempranas. Enviada al Salón de 1848 junto con La cautividad de los judíos en Babilonia, coincidiendo con el año en que el jurado para la admisión se suprimió; todo lo presentado en el Louvre, fue admitido. El aventador obtuvo un claro éxito, mientras que la otra dejó al público bastante frio.
Se presenta una figura de un campesino, alzando su arel sobre su rodilla harapiento, lanzando al aire en medio de una columna de polvo dorado, el grano de su cesta. La forma de arquear su cuerpo es magistral. Tiene un color soberbio; el pañuelo rojo de la cabeza, las piezas azules de los andrajos de su vestido son de un capricho y un cocinado exquisito. El efecto polvoriento del grano, que se esparce volando, no podría estar mejor expresado. Es todavía una obra un tanto pobre, que se ganó al público por el uso de los colores cálidos.



El sembrador (1850)
Museum of Fine Arts, Boston
Oleo sobre lienzo 101,6 x 82,6 cm
Fue concebido y ejecutado en Barbizon, en la llanura de Bière, con la preocupación exclusiva y el recuerdo del país normando. Barbizón le dio como teatro la tierra de La Hague, donde pudo formular su obra.
Representa a un joven de aspecto salvaje, vestido con un chaquetón rojo y calzones azules, con las piernas envueltas por un trenzado de paja y el sombrero arruinado por la intemperie. No es un hombre de Barbizon, sino un muchacho de Greville que, con paso orgulloso y serio, realiza su tarea en las escarpadas tierras de los acantilados, en medio de nubes de cuervos que se lanzan sobre el grano.
Ese personaje, podría ser el propio Millet, reencontrándose con su tierra natal.
Este cuadro, fue ejecutado con fuerza, con un arrebato furioso, pero al final de su trabajo, Millet reparó en que le faltaba la materia, el lienzo era demasiado corto, y rehízo la figura calcando exactamente las líneas del dibujo y dio a luz al hermano gemelo que apareció en la exposición de finales de 1850.
Sembrador a la puesta de sol, Van Gogh
Artistas y críticos vieron en la obra una figura severa, un gesto amenazador, que parecía lanzar al cielo “Puñados de metralla”, como para protestar contra la miseria del trabajador.
Se las ingeniaron entonces para encontrar en todas las escenas de la vida contemporánea alusiones a la política y protestas contra el egoísmo social.
Esta obra, al igual que el aventador, parecen formar parte de un catalogo sobre las actividades en el campo. Ambas tratan los mismos temas: personas individuales realizando actividades de campesinos. Pero en esta segunda, se nota ya una evolución, que desembocará en sus próximas obras.
Resulta interesante compararlo con la obra de Vincent Van Gogh, Sembrador a la puesta de sol (Museo Kröller Müller), realizado en 1888. Ambos personajes aparecen en la misma posición y actitud, pero la forma de tratarlo es muy diferente.



Las espigadoras (1857)
Museo de Orsey, París
Óleo sobre lienzo 83,5 cm x 110 cm

Es su cuadro más famoso, paradigma del realismo.
El termino realista, aplicado a esta obra, nos alude por lo tanto, a la no adulteración de los acontecimientos. Es simplemente la captación de una instantánea cualquiera, en un día cualquiera de la vida de esas mujeres, o de cualquier mujer que trabajara el campo

Aquí no se halla representado ningún incidente dramático, nada que pueda considerarse anecdótico: no se trata más que de tres atareadas jornaleras sobre una llanura que se está segando. No son hermosas ni atractivas. No existe la sugerencia de un idilio campestre en el cuadro; se mueven lenta y pausadamente, entregadas a su tarea.
En el cuadro, están representadas tres pobres mujeres, una anciana y dos jóvenes, recogen las espigas caídas en un campos que se acaba de segar. A lo lejos, el dueño y la gente de la granja están ocupados cargando las carretas y haciendo montones. La anciana apenas está encorvada; las dos jóvenes, inclinadas hacia el suelo, cogen con una mano una espiga y con la otra sostienen unos haces ya atados. Se aprecia en él, el movimiento de tensión, el alargamiento de los brazos y del cuerpo para mendigar a la tierra esas briznas de trigo. Todos estos rasgos, son verdaderamente soberbios.

Pero además, Millet, las aporta un rasgo muy humanista acerca de la sociedad rural del siglo XIX. Millet ha procurado resaltar su dolida y recia constitución y sus premeditados movimientos, modelándolas vigorosamente con sencillos contornos contra la llanura, a la brillante luz solar. Así, sus tres campesinas adquieren una gravedad más espontánea y verosímil que la de los héroes académicos. La colocación, que parece casual a primera vista, mantiene esta impresión de equilibrio apacible. Existe un ritmo calculado en el movimiento y distribución de las figuras que da consistencia a todo el cuadro y que nos hace percibir que el pintor consideró la labor de las espigadoras como una labor de significación noble.

Pudo verse en el salón de 1857, lo cual le afirmó claramente en la opinión pública. El resto de artistas, que sabían ver, quedaron sorprendidos por una obra superior a todo lo que habían hecho. Toda dificultad había sido superada, todo estaba logrado: la exacta verdad de las figuras que parecían esculpidos, la profundidad de los planos, la luz rubia y hermosa envolviendo el cuadro con su penetrante limpidez, un color soberbio y sobrio, el carácter grandioso y severo de las espigadoras, y por último, el movimiento de sus cuerpos, flexible y hermoso hasta la distinción.

Por otro lado, también le llovieron críticas. Se repartieron en dos bandos: unos quisieron ver en él un alegato contra la miseria del pueblo, mientras que otros encontraron que estas tres pobres mujeres eran como bestias feroces que amenazaban el orden social.
Y es que, con este cuadro, se glorificaba a la gente que trabajaba la tierra, se les veía dolidos, pero se les veía. Habían llegado al Salón, y ahora todo el mundo apreciaba esa obra y a esa gente. Pero considero, que el realismo es una de las funciones que tiene: mostrar la realidad, esa realidad que a veces olvidamos.

Esta obra, se distingue de las anteriores por la abundancia en la sobriedad que es la marca de los talentos culminantes y la firma habitual de los maestros. El cuadro llama la atención por su aspecto de grandeza y serenidad. Casi parece como una pintura religiosa, donde todo es calma. El sol de agosto calienta vigorosamente la tela, pero no sorprenderéis en ella ninguno de esos rayos caprichosos, es un astro serio que madura los trigales, que hace sudar a los hombres y que no pierde el tiempo en bromear.


El Angelus (1857-1859)
Museo de Orsay, París
Óleo sobre lienzo, 56 cm x 66 cm

En este cuadro, aporta una concepción verdaderamente novedosa. Alfred Senseir, considera que quiere dotar al cuadro de una “connotación musical”. Pretende hacer oir los ruidos del campo y hasta el tañido de las campanas. “La realidad de la expresión puede dar todo eso”; decía Millet.

Esta obra fue una de sus obras predilectas. En él reencontraba las sensaciones de su infancia. Retrataba al hombre religioso, supersticioso quizá, ejerciendo su vida de trabajo, de humillaciones y de esperanza.
En el momento en que el día va a desaparecer, dos campesinos, un hombre y una mujer, oyen dar el Ángelus. Se levantan, se paran y, de pie, con la cabeza descubierta y los ojos bajos, pronuncian las tradicionales palabras: Ángelus Domini nuntiavit Maria. Es una escena humilde, donde una pareja se recoge en sus plegarias. Millet nos los muestra como supervivientes de esa vida tan dura, y pidiendo a Dios que puedan seguir trabajando esa tierra.

El hombre, un verdadero campesino de la llanura, con la cabeza cubierta por una masa de pelo corto, pero tieso como fieltro, ruega en silencio; la mujer encorvada, está enteramente recogida. El paisaje es una polvareda de luz en el ocaso, uno de esos finales del día que abrazan con una púrpura universal el firmamento y la tierra. El tono alcanza la más poderosa armonía: Millet ha puesto en él todos los recursos de su paleta.
Realiza una labor de claroscuro. Los rostros quedan en sombra, mientras que la luz destaca los gestos y las actitudes, creando una sensación de recogimiento, de calidez, y de hogar.

Fue ejecutada originariamente por encargo del pintor americano Thomas G. Appleton, que no llegó a comprarla. Esta pintura fue vendida por mil francos y luego cambió de manos en diversas ocasiones. La espectacular subida de precio a lo largo e las transacciones corre pareja al alza fulgurante de la popularidad de Millet. El cuadro acabaría siendo vendido por 580.650 francos, a la american Art Association en medio de una gran campaña publicitaria, al no poder rescatarla para el Louvre el gobierno francés. Fue expuesto en varias ciudades americanas y posteriormente, vuelto a vender por 800.000 francos, a Alfred Chauchard, director de unos grandes almacenes, quien la legó al Louvre.

Angelus (Salvador Dali, 1932)
Angelus (Salvador Dali, 1933)
Angelus (Salvador Dali, 1935) 














Esta obra, fue reinterpretada por Salvador Dalí, en varias ocasiones (1932, 1933 y 1935), de la cual además escribió, y afirmó, que la obra se había convertido para él en “La obra pictórica más íntimamente turbadora, la más densa”



Los sembradores de patatas (1862)
The Walters Art Museum, Baltimore
También llamada plantadores de patatas. Es una de sus obras más hermosas. Una pintura límpida, en la que la calma de los campos es admirablemente captada. Un hombre y una mujer están en una llanura inmensa en la que los surcos se pierden en el horizonte, donde está el vecindario de un pueblo del que solo se ven algunas casas sumidas en un aire luminoso. El hombre entreabre el suelo con su azada y la mujer echa en él la patata que debe multiplicarse. Un gran manzano da sombra a un asno y a un niño que la pareja ha llevado con ella al campo. El niño duerme en las alforjas del asno. La joven familia al completo está ahí y pasará la jornada trabajando, pues el pueblo está lejos, muy lejos.
Su sabia estructura, la proporción justamente equilibrada de las dos figuras y su hermoso color gris aguzado hacen de este cuadro una estampa impecable.


Influencias posteriores 
En su vida, recibió críticas y también cosecho grandes éxitos, lo que lo llevo a ser reconocido como un gran artista. Aun en vida, fue reconocida su valor, realizándose en 1867 en la Exposición Universal una gran muestra de su obra con Las espigadoras, El Ángelus y Plantadores de patatas, entre otras obras.
Ejerció influencia en artistas ya citados como Dalí, Vincent Van Gogh, también en Monet y Seurat.
Pero, a mi parecer, también influyó en otros ámbitos fuera del pictórico; siempre en lo relacionado con la manera de tratar el campo.

En concreto, hago referencia, al director de cine norteamericano Terrence Malick, con su primera película Malas Tierras (Badlands, 1974), practica con la luz. Ambientada la historia en la vida rural, y nos deja con algunos planos de gran belleza.
Fotograma de la película "Badlands", 1974















Pero no será hasta su siguiente película, Días del cielo (Days of Heaven, 1978), donde desarrolle el uso de la luz hasta su máximo exponente. Recoge la esencia de los cuadros de Millet: la manera de usar la luz dejando el cielo fuertemente iluminado por la última luz del día y las figuras en claroscuro. El director trabajó únicamente en los atardeceres y amaneceres, lo que supuso una larga y dura tarea de rodaje.
En concreto, parece que el director quisiera imitar la belleza de los trigales y el campo que se veía en El ángelus.
 
Fotograma de "Días del cielo", 1978



Bibliografía
- RODRÍGUEZ RUIZ, Delfín, Del Neoclasicismo al Realismo. La construcción de la Modernidad, Madrid
- ROSEN, Charles y ZERNER, Henri, Romanticismo y Realismo. Los mitos del siglo XIX, Madrid, Blume, 1992.
- NOCHLIN, Linda, El Realismo, Madrid, Alianza, 1991.
- SENSIER, Alfred. Jean-François Millet. Vida y obra, Ediciones Encuentro, Madrid, 2011
- MARTIN REYNOLDS, Donald, Introducción a la Historia del Arte. El siglo XIX, Edit. Gustavo Gil, Barcelona, 1985


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